EL MUNDO DESDE LA HIGUERA por Gabriel Páramo
Día De eSTReNo

Tradicionalmente, el día de estreno por excelencia era el domingo de Ramos, pero ese miércoles 2 de enero del recién nacido
año 2002, algunos estrenaron bastantes cosas. Sergio por ejemplo, estrenaba empleo; la falta de salidas de su licenciatura
en geología le obligó a inscribirse en una empresa de trabajo temporal, y hoy empezaba a trabajar en la caja de ahorros de
un pueblo a cincuenta kilómetros de Madrid, para cubrir la baja de Eladio, convaleciente de una operación de hemorroides.
Por estrenar, estrenaba también un impecable traje, quería causar buena impresión, aunque luego vio que era el único de
los empleados que vestía de esa manera, junto con don Cosme, el director, que ese día estrenaba imagen.
Don Cosme decidió empezar
el año sin la ya canosa barba que rodeaba su eterna media sonrisa. La misma sonrisa que mostraba para hacer la rosca a la
vieja andrajosa, pero podrida de dinero, que tenía depositada su fortuna en la sucursal. La misma sonrisa que usó para dar
un último aviso de pago bajo amenaza de embargo a aquella familia que lo estaba pasando francamente mal, o para recibir
favores consciente de su poder en una población tan pequeña. Todo el mundo le conoce y se siente respetado, al fin y al
cabo tiene muchas veces en su mano la consecución de sueños o el alivio de las calamidades de sus convecinos. De hecho
lleva muchos años sin pagarse su desayuno, pues siempre hay alguien que le invita. Y él se deja querer: total, sabe de
miserias más que nadie.
Por cierto, ese día toda Europa estrenaba moneda, qué cosas...
Sergio se estrenó en su trabajo atendiendo a Cipriano, que esperaba en la puerta antes de que abrieran al público,
para ir como todos los meses a cobrar su pensión de jubilación. Ese día también Cipriano estrenaba algo, un garrote
regalo de su nieto, un poco desmesurado de tamaño para la altura del anciano; tenía pensado pasarse después por la
carpintería para ver si le hacían el favor de cortárselo un poco. Amable como siempre, se dirigió hacia la ventanilla
saludando a todo el mundo. A Sergio le saludó con la aguda observación de que era nuevo en esa plaza. Aunque la pensión
se la ingresan en su libreta de ahorros, él prefiere que primero se la den íntegra en metálico, independientemente de
que luego vuelva a ingresar alguna cantidad para guardar algo en la cartilla. Cipriano cobra una muy europea pensión de
79.340 pesetas. Su sorpresa fue mayúscula cuando el nuevo le endosó 476 euros con 84 céntimos. Fallo de novato, pensó.
Cipriano que nada más que ve la televisión para ver al hombre del tiempo, y ni sabía de euros, ni de unidad europea, ni
de milongas tristes.
De poco sirvieron las oportunas explicaciones del muchacho; lo que en un principio fue sorpresa se
convirtió en cabreo, y en maldiciones hacia el del bigote que decía que no les iba a quitar la pensión a los jubilados
el muy "jodío", mientras Sergio no apartaba su mirada del garrote que el viejo blandía no lejos de sus narices. Perfecta
escenificación del modelo económico europeo: de un lado del burladero, la Europa de los jóvenes a los que cada día se les
exige más para abrirse camino, y del otro lado la Europa del bienestar social amenazada de congelaciones y recortes para
poder hacer frente a las necesidades de una población cada vez más anciana. Todos jodidos pero contentos, y en medio, una
moneda nacida con aspiraciones de ser fuerte para gloria de unos y otros.
Como la cosa se estaba poniendo fea, acudió presto al quite Don Cosme para acompañar a su despacho a Cipriano,
con el fin de explicarle con su eterna sonrisa los motivos de ese cambio. Diligentemente le explicó a grandes
rasgos el asunto, las motivaciones y las ventajas, entre ellas la de la posibilidad de poder usar la misma moneda
por toda la Unión Europea, mira tú qué bien, sobre todo para alguien cuya Europa limita al norte con Las Navas del
Marqués, al sur con la feria de ganado de Talavera de la Reina, al oeste con Arenas de San Pedro y al este con una
corrida de toros en las Ventas por la feria de San Isidro; una sólo, que la cosa no da para más.
Ese día Cipriano prescindió de tomarse el café con churros que acostumbra a tomar todos los días de cobro y se fue derecho
a su casa sin tener muy claro si tendrían para comer ese mes.
Ya somos europeos, felicitémonos por ello. Estamos construyendo una Europa grande y libre. Pues que viva Napoleón, y
que Dios nos pille confesados. |
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